Una península rocosa se adentra en el mar, configurando uno de los paisajes más reconocibles de la costa uruguaya. En su ladera Este el territorio se abre al océano Atlántico en largas panorámicas hacia la bahía de Punta del Este y la isla Gorriti.

Este lugar no es un simple paisaje de contemplación, se trata de un ecosistema en tensión: roca, vegetación y ocupaciones humanas se superponen.

Construir una casa aquí significa dialogar con un entorno de gran potencia, donde paisaje, topografía y horizonte no son fondo, sino protagonistas.

Se despliegan dos planos a modo de terrazas sobre la pendiente: uno, horizontal, prolonga la ladera y conecta la casa al suelo; el otro, elevado, se transforma en punto de observación privilegiado hacia el mar. Habitar aquí no significa aislarse de la naturaleza, sino interactuar con ella, dejar que la casa medie entre el cuerpo y el horizonte. La casa no se limita a ocupar la ladera: la resignifica, se convierte en dispositivo de observación, en mirador habitado donde mar, bosque y cielo se unen con la vida cotidiana.

Hacia la calle la casa, se muestra contenida y silenciosa: planos ciegos y filtros densos conforman un frente sobrio, casi hermético, que protege la intimidad y marca distancia con lo público.

Pero hacia la ladera, la condición se invierte. El volumen se abre en grandes superficies vidriadas, terrazas y planos que prolongan la topografía, la casa se convierte en mirador. De este modo, se construye un dispositivo que media entre la intimidad doméstica y la potencia estética del territorio.

La casa se organiza con claridad en dos niveles que separan lo público de lo privado, asegurando una convivencia fluida. En la planta baja, los espacios de servicio, un estar, la barbacoa y un dormitorio de invitados con forman un nivel de acogida vinculado al suelo.

En la planta alta, estar y comedor se unen en un gran espacio común que se abre hacia la terraza, mientras los dormitorios se disponen a ambos lados, equilibrando privacidad y amplitud. La solución es simple y precisa, capaz de multiplicar los modos de habitar y dar lugar a todos.

La intervención se integra a las dinámicas del territorio y se apoya en la vegetación autóctona de la costa uruguaya para intensificar la experiencia del sitio a la vez que se funde con el entorno.

Especies psamófilas y arbustivas conforman filtros hacia los linderos, regulando la privacidad y consolidando el suelo. Los pinos por su parte, suman protección frente al viento, con tención del suelo y cobertura vegetal que proporciona sombra.

El conjunto se configura así como un paisaje operativo, capaz de articularse con la topografía y con la vida cotidiana

El proyecto es una vivienda unifamiliar ubicada en la ladera este de Punta Ballena, Maldonado. La obra se implanta en un entorno natural de gran intensidad paisajística, caracterizado por la relación directa entre la topografía rocosa, la vegetación costera y el océano Atlántico, proponiendo una forma de habitar que se configura como mediación entre el cuerpo y el horizonte, integrando arquitectura y paisaje en un mismo sistema.

*Ubicación: Las Grutas de Punta Ballena, Maldonado

*Estado: En construcción

*Construcción: JECuadro Ltda.

Casa Las Grutas

Casa Las Grutas

El proyecto es una vivienda unifamiliar ubicada en la ladera este de Punta Ballena, Maldonado. La obra se implanta en un entorno natural de gran intensidad paisajística, caracterizado por la relación directa entre la topografía rocosa, la vegetación costera y el océano Atlántico, proponiendo una forma de habitar que se configura como mediación entre el cuerpo y el horizonte, integrando arquitectura y paisaje en un mismo sistema.

*Ubicación: Las Grutas de Punta Ballena

*Estado: En construcción

*Construcción: JECuadro Ltda.

Una península rocosa se adentra en el mar, configurando uno de los paisajes más reconocibles de la costa uruguaya. En su ladera Este el territorio se abre al océano Atlántico en largas panorámicas hacia la bahía de Punta del Este y la isla Gorriti.

Este lugar no es un simple paisaje de contemplación, se trata de un ecosistema en tensión: roca, vegetación y ocupaciones humanas se superponen.

Construir una casa aquí significa dialogar con un entorno de gran potencia, donde paisaje, topografía y horizonte no son fondo, sino protagonistas.

Se despliegan dos planos a modo de terrazas sobre la pendiente: uno, horizontal, prolonga la ladera y conecta la casa al suelo; el otro, elevado, se transforma en punto de observación privilegiado hacia el mar. Habitar aquí no significa aislarse de la naturaleza, sino interactuar con ella, dejar que la casa medie entre el cuerpo y el horizonte. La casa no se limita a ocupar la ladera: la resignifica, se convierte en dispositivo de observación, en mirador habitado donde mar, bosque y cielo se unen con la vida cotidiana.

Hacia la calle la casa, se muestra contenida y silenciosa: planos ciegos y filtros densos conforman un frente sobrio, casi hermético, que protege la intimidad y marca distancia con lo público.

Pero hacia la ladera, la condición se invierte. El volumen se abre en grandes superficies vidriadas, terrazas y planos que prolongan la topografía, la casa se convierte en mirador. De este modo, se construye un dispositivo que media entre la intimidad doméstica y la potencia estética del territorio.

La casa se organiza con claridad en dos niveles que separan lo público de lo privado, asegurando una convivencia fluida. En la planta baja, los espacios de servicio, un estar, la barbacoa y un dormitorio de invitados con forman un nivel de acogida vinculado al suelo.

En la planta alta, estar y comedor se unen en un gran espacio común que se abre hacia la terraza, mientras los dormitorios se disponen a ambos lados, equilibrando privacidad y amplitud. La solución es simple y precisa, capaz de multiplicar los modos de habitar y dar lugar a todos.

La intervención se integra a las dinámicas del territorio y se apoya en la vegetación autóctona de la costa uruguaya para intensificar la experiencia del sitio a la vez que se funde con el entorno.

Especies psamófilas y arbustivas conforman filtros hacia los linderos, regulando la privacidad y consolidando el suelo. Los pinos por su parte, suman protección frente al viento, con tención del suelo y cobertura vegetal que proporciona sombra.

El conjunto se configura así como un paisaje operativo, capaz de articularse con la topografía y con la vida cotidiana